domingo, 8 de abril de 2012

Mirada que aprueba, mirada que reprueba, mirada que ama

Estaba yo sentado en un banco junto al andén de la estación de ferrocarril de mi pueblo. Había otras personas sentadas a mi lado. Íbamos a una manifestación a Valencia. De repente noto un cosquilleo en mis pantorrillas; el reflejo inmediato es mirar hacia allí; y ¿con qué me encuentro? Pues con un gatito precioso. Mis ojos (mi mirada) tropiezan con los del gatito. ¿Porqué no han ido a parar a su boca, a su nariz, a sus orejas… no. Las dos miradas, la del animal y la de la persona se han entrecruzado: ¿Qué esperan? ¿Por qué a los ojos? Es evidente: Una mirada de cierta inteligencia quiere escrutar la otra mirada para descubrir las intenciones “del otro”, y mirando a la barbilla esto no se ve. No hace falta que a ningún animal le digas que tiene que hacer esto. Es instintivo. En ese escrutinio está la supervivencia. Los animales que no lo hicieron, murieron y no se reprodujeron. Ahí radican entre otras cosas las intenciones, ahí se ve “el alma” y cualquier animal sabe enseguida si hay agresividad, miedo, sorpresa, expectación, amenaza…

Esto es lo más importante de la expresión corporal, la mirada. Hay un montón de expresiones corporales que nos indican (e indicamos) nuestro estado de ánimo o voluntad, pero ninguna como lo que se dice en la mirada, lo que se percibe o lo que indicamos con ella. Y quizás por ello (o por inseguridades) muchas veces la apartamos. No queremos mostrar nuestra bondad (o maldad), nuestras debilidades. Cuando miramos, no sólo vemos sino que nos ven.

Es muy fácil mirar el lenguaje corporal de otro (aunque sea en la distancia) y descubrir sus intenciones. La rapidez o acompasamiento de los gestos, por ejemplo, nos informa de qué está pasando en esa otra persona o animal. No hace falta tener un Master para ver esto. Es el sexto sentido (poso de la vida) quien nos informa de ello. Es muy sencillo mirar un rostro y ver si está enojado, satisfecho, o inseguro…

Siguiendo esta “curiosidad”, en multitud de ocasiones he intentado “acotar” el mensaje corporal proveniente de otro Ser Humano o animal. Me he centrado en el rostro “despreciando” otras expresiones corporales. Unos ojos muy abiertos o entrecerrados, unos párpados arqueados o fruncidos, una boca abierta o firmemente cerrada… No sabemos cómo pero todo nos habla de esa persona. A partir de la fotografía podemos ir descartando información colateral y centrarnos directamente en los ojos. Si coges sólo los ojos de la foto de una persona y extraes todo lo demás, es posible que incluso con esto sólo, puedas ver “su alma”. Unas pupilas dilatadas, unos párpados contraídos, unos ojos chispeantes… esto nos puede estar hablando del sentimiento interior de esa persona y de su reacción ante nuestra mirada. Veremos si es inteligente o no, si es opaca o transparente, si es agresiva o pacífica… si te acepta o no, incluso si es noble o si te quiere. Muchas cosas (demasiadas) para ver sólo en una mirada. Aún no he descubierto del todo claramente cómo es posible ver todo esto con sólo mirar a los ojos. ¿Cómo es posible que algo tan limitado como unos ojos pueda tener tal capacidad de expresión? ¿Tú cómo lo “ves”?

Otra cosa son los mecanismos que llevan a interpretar rostros. Esto ya es diferente. Es curioso que aceptemos o rechacemos en base (quizá) a informaciones anteriores, basadas en experiencias positivas o negativas con “otras caras”. Este aspecto sobre la relación lenguaje corporal/relación experimental depositada en el subconsciente, merecería una reflexión con más profundidad en mejor ocasión.

Es lamentable que sólo porque el rostro de una persona que se me presenta, se le parezca a otra que me gastó una mala pasada, es una lástima que instintivamente la rechace cuando podría tratarse de la persona de mi vida. También podría darse lo contrario: que confiara en un rostro porque alguien fue bueno conmigo en otra ocasión, y que en este caso se tratara de una mala persona. Habría que estar al tanto de estas cosas. Esto no son sólo curiosidades.




Hoy no vamos a dar caña. Hoy sólo invitaremos a observar, reflexionar y profundizar en “lo que nos pasa”; sólo por ese camino se puede llegar al autoconocimiento. Y sin autoconocimiento podrá haber satisfacción puntual, pero no felicidad.

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Juan-Lorenzo
dalescana@gmail.com                                                               Más Artículos sobre Humanismo


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