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Desde 1960 en que el Trieste descendió al lugar más profundo de la Tierra, que en más de 50 años nadie había bajado a la fosa de Las Marianas. Ha tenido que ser un director de cine, Cameron (Titanic), quien lo ha hecho con National Geographic de por medio.
Parece que en los últimos tiempos ha habido varios millonarios patrocinando sus propios proyectos de descender al abismo; otros simplemente se han pagado un billete para viajar por el espacio. Bueno, de una u otra forma, bienvenido el capital privado a financiar proyectos científicos o de divulgación científica. Para hacer un documental “sabroso” económicamente, han descartado científicos y ha sido “el mismísimo” director de cine quien lo ha hecho. Mientras que en el caso de NG la inversión va a buscar rentabilidad económica directa para la industria cinematográfica que divulga la ciencia, en el caso de los millonarios lo que se busca es una “hazaña” más en el altar en que son venerados y alabados.
Pero vamos a centrarnos en la fosa. Casi once kilómetros de profundidad en el océano son muchos kilómetros. Mientras en el espacio tenemos la ausencia de gravedad, aquí resulta todo lo contrario; la presión es enorme, y por supuesto la luz natural no llega. Por lo tanto, la vida tiene que ser muy distinta a como la conocemos en la superficie o cerca de ella. Conocer los animales de este hábitat tiene que resultar interesantísimo. No estamos hablando de profundidades intermedias en las que viven o deambulan determinadas especies como el calamar gigante o el mismo celacanto, pez prehistórico que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días; hablamos de profundidades abisalesy seres deformes muchas veces asimétricos, que utilizan otros sentidos entre los que no aparece la “visión” tal y como la entendemos. Es increíble que a esa profundidad y sin los rayos del sol pueda haber vida. Y sin embargo parece que puede haber un buen montón de especies. La vida se busca la vida; y todo en condiciones impensables. Por supuesto que estos animales que han sido “diseñados” para estas altísimas presiones y sin luz solar, cuando se sacan a la superficie no pueden sobrevivir.
Hay también unos lugares a mucha profundidad donde las denominadas chimeneas de las profundidades, generan un hábitat basado en el calor tectónico y donde se desarrolla un determinado tipo de bacteria alimentada por gases y química de las entrañas de la Tierra, que sirve de base alimenticia a los animales que lo habitan. Se trata de gusanos, cangrejos y algunos peces, todos en escala alimenticia y que subsisten sin necesidad de la fotosíntesis. Por supuesto que de momento no han aparecido plantas, ya veremos.
Incluso no tan profundamente pero sí a profundidades intermedias, se han descubierto unos llamados lagos submarinos que son una especie de agua depositada en el fondo distinta del agua marina que la envuelve.
De todos estos mundos es más lo que desconocemos que lo que sabemos de ellos… como en casi todo. Estos aventureros millonarios y otros que han visto oportunidad de negocio, puede que ayuden a la ciencia en el conocimiento de nuestro apasionante mundo; y quizá, quizá, este conocimiento nos ayude al final a entendernos mejor a nosotros mismos.
Juan-Lorenzo


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